La marcha del 2 de octubre, convocada como cada año desde la Plaza de las Tres Culturas en Tlatelolco hacia el Zócalo capitalino, dejó más de 120 lesionados, una persona detenida y múltiples agresiones a periodistas, un hecho que ha encendido las alarmas sobre la libertad de expresión en contextos de protesta social.
La movilización comenzó a las 16:00 horas, reuniendo a miles de estudiantes, organizaciones civiles y colectivos que exigieron justicia por los crímenes del pasado y presente: Tlatelolco 1968, Ayotzinapa, las desapariciones forzadas en México y la paz en palestina.
A lo largo de la marcha se sentía un aliento de apoyo por parte de la ciudadanía capitalina hacia los diferentes contingentes, sin embargo, al llegar al Centro Histórico, la violencia marcó la jornada. Se registraron varios enfrentamientos entre el denominado “bloque negro” y la policía de la Ciudad de México. Negocios fueron vandalizados y una joyería sufrió un intento de saqueo, lo que derivó en una detención.
El saldo oficial: 29 civiles y 94 policías heridos, algunos de gravedad.
Más allá de los enfrentamientos entre encapuchados y policías, este año lo más grave fue la violencia ejercida contra periodistas que cubrían la marcha. Reporteros de N+, La Prensa, Publimetro, Obturador y fotógrafos independientes fueron agredidos físicamente mientras realizaban su labor informativa en el Zócalo.
Cámaras fueron destruidas, equipos arrebatados y varios comunicadores lesionados. Todo documentado en imágenes y testimonios que no solo vulneran la libertad de prensa, sino que se suman a un clima de hostilidad donde cada vez más periodistas se enfrentan en su cobertura de movilizaciones sociales en México.
Aunque la Secretaría de Seguridad Ciudadana aseguró que abrirá carpetas de investigación, hasta el momento no hay claridad sobre si las agresiones provinieron exclusivamente de encapuchados o si elementos policiales también incurrieron en ataques contra la prensa.
Hasta el momento la agencia de fotografía “Obturador” se pronunció en redes sociales comentando que presentará una denuncia formal ante las autoridades por la agresión a uno de sus reporteros.
Mientras tanto el secretario de Gobierno de la CDMX, César Cravioto, calificó los disturbios como “una provocación” que buscaba obligar al Estado a reprimir la movilización. No obstante, la SSC desplegó hasta 1,500 elementos para contener los disturbios, lo que elevó la tensión en el Zócalo.
La narrativa oficial sostiene que los protocolos fueron “respetados”, pero los testimonios de periodistas y manifestantes contradicen este discurso: reporteros golpeados y equipo de trabajo dañado hablan de un operativo que, al menos en algunos momentos, no distinguió entre agresores y comunicadores.
Sin duda el 2 de octubre sigue siendo un recordatorio de la deuda histórica del Estado con las víctimas de Tlatelolco. Pero la jornada de este 2025 revela una nueva herida: la vulnerabilidad de la prensa en México, incluso en espacios que deberían ser de memoria y protesta legítima.
La violencia contra periodistas no solo afecta la cobertura de los hechos, sino que atenta contra el derecho de la sociedad a estar informada. En un país que se ubica entre los más peligrosos del mundo para ejercer el periodismo, lo ocurrido este 2 de octubre confirma que la libertad de expresión está en riesgo también en las calles de la capital.














































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